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La escasez de lluvia hace peligrar los olivares

Este verano, los olivareros han mirado el cielo con preocupación. Ninguna nube en el horizonte es sinónimo de peligro para el sector olivarero. El mercado del aceite ha esperado un agua que no ha llegado.

Las estimaciones de las principales organizaciones oleicas apuntan que este año se cierre la campaña de aceite con una caída del 9% de la producción. Además, la escasez de lluvia amenaza también la próxima campaña que empezará en octubre – noviembre. Las primeras estimaciones apuntan a un descenso de la oferta que, en los primeros meses, superaría el 5% de media, aunque algunas de las provincias de Andalucía podrían cuadruplicarse.

 

El principal factor es la falta de lluvia, unido a un intenso calor, que eleva la sequía sobre el olivar. Ejemplo de ello son los pantanos de Andalucía, que no llegan al 40% de su capacidad. El olivar de secano se está agotando y el olivar de regadío podrá cubrir con mínimos las existencias de agua. Los agricultores, deseosos de que llueva, esperan que lo haga pronto, pero no de golpe. Para el olivo, lo ideal es que llueva durante todo el año y de manera estable. Si llueve de manera muy abundante puede dañar la cosecha.

En junio, si se paseaba por el campo de olivos, daba pena ver como los olivos comenzaban a soltar las aceitunas antes de tiempo, para sobrevivir al no tener agua para beber. El olivo sabe que cargado de aceitunas no es capaz de pasar todo el verano. Por ello, su instinto le dice que debe ennegrecer el fruto para que caiga. En resumen, obliga a los agricultores a recoger las aceitunas lo antes posible, a causa de la maduración.

Como resultado, el consumidor sufre las consecuencias. El precio del aceite sube en los supermercados y los bolsillos se resienten. Por ello, no es extraño ver que la venta de aceite de oliva cae un 10% en lo que llevamos de campaña, mientras que la venta de girasol aumenta.

Sabemos que todo el mundo ama el aceite de oliva tanto como nosotros. Por ello, ahora más que nunca, miramos el higrómetro y cruzamos los dedos, mirando el cielo y esperando una lluvia que no llega.

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